La Cumbia y su relación con la estética
La Cumbia, es el baile que nos representa como buenos costeños; pues es un ritmo musical y baile folclórico autóctono de la Costa Caribe Colombiana, que Surgió de las cultura indígenas, negros y europeos
La Danza
Las obras de arte pueden impresionarnos profundamente, la danza puede causar estas impresiones; es una de las bellas artes más antiguas y estudiadas por hombres y mujeres. Están sumergidas en todas las culturas, produce una sensación de hechizo que embruja a todos sus participantes y espectadores.
La danza tiene un valor estético; ya que sus movimientos son bello y expresan veracidad de respuesta en el sentimiento que la origina.
La danza utiliza el movimiento como medio expresivo. La belleza de los movimientos, tanto individuales como en los conjuntos, se dan por medio de una armonía que se respalda con exclusividad en la simetría y el equilibrio. Es una forma de comunicación, ya que se usa el lenguaje no verbal y es una de las pocas artes donde el ser humano es el material y punto de atención. Es un arte bello, expresivo y emocionante en muchos aspectos, tanto para los que disfrutan con su contemplación, como para los que bailan en ése momento.
La danza es una especie del género “expresión corporal”
Es el valor estético encarnado en formas espléndidas, exuberantes, avasalladoras, rebosantes de dinamismo y de color, es el espíritu que brilla sobre la materia; el destello de la mente en los cuerpos y en los escenarios, es equilibrio con imaginación y pasión. Es expresión de vitalidad pujante; energía que transforma, fascina y seduce; la danza es experiencia de proporción y ritmos, de equilibrio y simetría; Es ejercicio físico, arte y creación; la danza es celebración y es lenguaje; es toma de conciencia corporal y espacial, en las etapas superiores de la evolución, la danza es espiritualidad, porque suele rebosar de valores simbólicos que enriquecen la vida de los individuos, de los grupos y de los pueblos.
La danza moderna surge, a fines del siglo XIX y principios del XX, como una reacción contra los estereotipos del ballet clásico. El ballet academicista había llegado en algunos sitios a la paradoja de la perfección técnica en el gesto vacío.
Es normal que se haya incubado un ansia de libertad y de originalidad. A la obediencia ciega a formas estereotipadas y cánones preestablecidos sucede la libre expresión. La regla de oro es ahora: “deja hablar a tu cuerpo”; “deja fluir lo que vibra en tu interior”, “que tu cuerpo sea el interprete de tu alma”. (Mauro Rodríguez)






